Masaryk en una tarde
Tres kilómetros a pie, de Mariano Escobedo al Conservatorio. Una ruta para leer la avenida como lo que también es: un archivo al aire libre.

Casi nadie recorre Masaryk completa. Se llega en coche a una tienda, a una mesa o a una cita, y se vuelve a salir. Caminarla de punta a punta toma una tarde y cambia la manera de verla: lo que desde el auto es una sucesión de marcas, a pie se vuelve una calle con capas, fechas y nombres propios.
Conviene empezar por el oriente, en la Calzada General Mariano Escobedo, a media tarde, cuando el sol cae de frente sobre las fachadas. Lleve zapato cómodo: son alrededor de tres kilómetros hasta la avenida Ferrocarril de Cuernavaca. La estación de metro más cercana es Polanco.
Mirar el piso
Antes que los aparadores, el pavimento. El granito de las banquetas, los árboles jóvenes y la ausencia de cables sobre las fachadas son la huella de la remodelación de 2014 y 2015. Quien se fije notará los cambios de material en algunos cruces: ahí terminaba una etapa de obra y empezaba otra.
La glorieta de Arquímedes
En el cruce con Arquímedes está la estatua de Tomáš Masaryk que Praga donó a la ciudad y que se develó el 28 de octubre de 2000. Es buen lugar para hacer una pausa, leer las placas de bronce y contar cuántos comercios alrededor todavía escriben el apellido con zeta.
El Pasaje Polanco
El siguiente alto es casi tan antiguo como el nombre de la avenida. El Pasaje Polanco, de estilo colonial californiano, reúne tiendas alrededor de un patio y abrió en 1938, apenas dos años después de que la calle cambiara de nombre. Sigue siendo, a la vez, comercio y vivienda.
Un desvío al nombre original
A unas cuadras, sobre Juan Vázquez de Mella, está la Hacienda de los Morales, que conserva el nombre que la avenida tuvo hasta 1936. Aunque no se entre, vale la pena ver la casa desde la calle: es el punto donde la historia de la avenida empieza antes de llamarse Masaryk.
El remate
En el extremo poniente, el Conservatorio Nacional de Música, declarado monumento artístico en 2012, cierra el recorrido. Después de tres kilómetros de vitrinas, termina en un edificio dedicado a algo que no se vende.
Si prefiere no caminar todo el trayecto, el circuito Polanco del Turibus tiene paradas sobre la avenida.
En próximos números, Experiences recoge relatos en primera persona de invitados. Toda colaboración con pago o contraprestación se identifica como tal.